Opinión

No es Pastrana, es la libertad

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En los últimos días, Gabriel Rufián, diputado de Esquerra en el Congreso, había señalado en sus redes sociales a José Pastrana, un tuitero anónimo -hasta hace unas horas- muy crítico con las acciones independentistas, con Podemos, con el PSOE y también con el PP. Rufián escribió “el día que se sepa quién eres nos vamos a reír”. Poco tiempo después, otro tuitero -llamado esparroquí- desvelo la identidad de Pastrana. No solo hizo público su puesto de trabajo, sino que también publicó su nombre e incluso su dirección.

Desde ese momento, políticos como Pablo Iglesias y Pablo Echenique, periodistas como Ana Pastor y Julia Otero comenzaron a difundir el hilo. El ala izquierdista española comenzó un acoso y derribo contra Pastrana -que tuvo que privatizar su cuenta y borrar mensajes comprometedores que afectaban a su familia y amigos durante unas horas-.

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En Twitter la mayoría de los llamados ‘tuitstar’, tuiteros con muchos seguidores y que se han hecho famosos gracias a la red social -véase Fray Josepho, Barbijaputa, Gerardo Tecé, etc.- son anónimos. Desde sus cuentas muestran un posicionamiento político claro, marcado y muy crítico. Dentro de esas filas de ‘tuistar’ se encuentra Pastrana.

Lo que sorprende en toda esta historia es la impunidad de aquellos que han preparado y orquestado un acoso contra un tuitero anónimo que mostraba una opinión diferente al “pensamiento único” de la izquierda podemita. En lugar de rebatir la postura de Pastrana con argumentos ideológicos han ido con un ataque ‘ad hominen’. Visto que no podían ganar la batalla de las ideas se han bajado y han mostrado la cara reaccionaria de la izquierda.

Por si esto fuera poco, el hecho de que difundieran los datos personales de Pastrana, políticos y periodistas de primer nivel es quizá lo más llamativo de toda esta historia. En el caso de Echenique, primero retuiteaba el mensaje con los datos de Pastrana y después defendía el anonimato en las redes.

Aquellos que se oponían a la ley mordaza son los mismos que amordazan a un tuitero, le presionan y le acosan con el fin, ¿de qué borrase su cuenta?, ¿de que dejase de difundir sus ideas? Eso no lo sabemos. Lo que queda claro es que quien ha perdido con todo esto ha sido esa izquierda que lejos de debatir en lo intelectual, en lo ideológico, se comportan como un grupo totalitario y dictatorial.

Ya lo dijo Churchill, que los antifascistas serían los nuevos fascistas

Esta mañana incluso llegué a leer que había bastantes personas que querían fletar autobuses e ir a ‘visitar’ a Pastrana, ¿para amenazarle por pensar diferente? Esos mismos son los que llaman fachas a quien luce una bandera. Ya lo dijo Churchill, que los antifascistas serían los nuevos fascistas.

Todo esto me lleva a pensar que, si hubiera sido al revés, si la identidad revelada hubiera sido de uno de esos tuiteros podemitas, la historia hubiera sido muy distinta. Seguramente, los mismos políticos y periodistas que difundieron los datos de Pastrana hubieran clamado a favor de la libertad y del derecho al anonimato. Esto me hace llegar a una conclusión muy dura y pesimista, aunque bastante realista. Con todo esto se vuelve a demostrar que para ciertas ideologías -sobre todo las radicales ya sea de derechas o de izquierdas- hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Ya lo dijo Iglesias, antes de ser líder de Podemos, “ciudadanos de una clase mucho más baja que la nuestra. Lúmpenes”.

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Yo como liberal que soy me parece igual de deplorable e igual de bochornoso, de feo, de barriobajero, de falta de argumentos y de intelecto, de totalitario que esto le hubiera ocurrido a un tuitero de la izquierda. Es la diferencia cuando defiendes la libertad a cuando defiendes tus intereses. Cuando defiendes la libertad, la defiendes para todos o no la defiendes para nadie. Porque no hay ciudadanos de primera y de segunda. No Pablo, no los hay. Pero cuando defiendes tus intereses es cuando aplicas la doble vara de medir. Por ejemplo, cuando defiendes los escraches como “jarabe democrático” y luego te llevas las manos a la cabeza cuando se lo hacen a alguien de tu cuerda, véase Mónica Oltra.

Porque quien defienda la libertad de verdad, no cree que hay ciudadanos de primera y de segunda, la defiende para todos. Amordazar, perseguir y amedrentar para intentar callar o silenciar a alguien solo tiene un nombre: totalitarismo. La libertad de expresión es garante de cualquier estado democrático, sin ella esto sería un régimen de esos en los que opinar contra el “pensamiento único” te puede costar muy caro.

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