Internacional Nacional

España: el infierno europeo para los autónomos con bajos ingresos

autónomos rentas bajas

El colectivo de los trabajadores por cuenta propia es, probablemente, uno de los más hostigados por el sistema fiscal español. Pero los que más sufren esto son aquellos con las rentas más bajas. Si que es cierto que, en las rentas altas, países como Italia o Portugal probablemente sean más extractivos que el sistema español. Pero, para aquellos con pocos ingresos el régimen nacional es un auténtico calvario.

Según la Seguridad Social, cualquier persona que realice una actividad por cuenta propia de manera habitual – varios meses seguidos, dando clase en una academia dos días a la semana o teniendo una pequeña tienda – debe darse de alta en el RETA. Esto es independientemente de los ingresos que el autónomo tenga y es aquí donde surge el infierno fiscal español. En el año 2007, el Tribunal Supremo dictó una sentencia por la cual daba la razón a un trabajador que al no superar el 75% del SMI – que actualmente estaría ese porcentaje en 645 euros – no se dio de alta en el RETA, pero sí en Hacienda.

A pesar de que esta sentencia creó jurisprudencia. Lo cierto es que la Seguridad Social puede denunciar a un trabajador que pague el IVA y el IRPF en Hacienda, pero no cotice en base al RETA. Si esto ocurre, el autónomo tendría que recurrir y adentrarse en una pelea jurídica contra el Estado.

Así funciona el infierno

Como os decía, para la Seguridad Social cualquiera debe darse de alta independientemente de lo que gane. Pongamos por caso una persona que gana 600 euros al mes dando clase en una academia o desarrollando cualquier otra actividad por cuenta propia. El trabajador debería pagar 279 euros como cuota mínima a la Seguridad Social más las declaraciones trimestrales de impuestos. Es decir, en tres meses de esos 1.800 euros que gana, 837 tendría que pagar como cuota y 378 euros como IVA. Solo le quedarían libres 585 de esos 1.800. Imaginen que, en lugar de 600, ganase 500…

¿Qué pasa en el resto de Europa?

En Reino Unido, cualquier trabajador que no supere los 8.400 euros anuales pagaría 15,2 euros mensuales. Si se supera esa cantidad entonces pagaría 48 euros mensuales más el 9% de lo facturado. Es decir, en tres meses ese empleado de 600 euros en Londres pagaría 45 euros en tres meses y en Madrid 1.215 euros.

Nuestros vecinos portugueses también pagarían mucho menos que nosotros. Un autónomo que gana 600 euros en Oporto pagaría 171 euros mensuales – en Portugal se pagaría anualmente el 28,5% o mayor porcentaje si se gana más de todo lo facturado –. En Barcelona, el mismo trabajador tendría 405 euros de gasto fiscal al mes.

En Alemania ese autónomo no pagaría nada. Los que ganan menos de 17.500 euros al año no pagan Seguridad Social y los que ganen menos de 1.700 euros mensuales están exentos de IVA. Además, si se ingresa menos de 8.600 euros están exentos de pagar el IRPF. A pesar de todo, la cuota alemana es de 140 euros, casi la mitad que la española.

En Italia, los autónomos que ganen menos de 15.000 euros, como sería este caso, pagan el 23% de todo lo facturado y nada más. En este caso, los gastos fiscales mensuales serían de 138 euros, 267 euros menos que en España.

En Francia el primer año de actividad no se paga nada. Después de eso, en función de la profesión del trabajador paga el 12% de lo facturado, el 18,3% o el 21%. Es decir, el gasto fiscal es muy inferior al español y eso que los galos se caracterizan por sus altos gravámenes.

En Holanda, se pagan 50 euros mensuales y 12,25% de lo facturado si se gana menos de 33.000 euros. Es decir, al mes un autónomo holandés que se embolse 600 euros paga 123,5 euros.

La excusa del Gobierno

La excusa que da el Estado a esta situación es que las prestaciones son mucho mayores que en el resto de países y, en parte tiene razón. Sin embargo, esta voracidad fiscal provoca que los autónomos españoles de rentas bajas se vean abocados a desarrollar su actividad en B porque de esos 600 euros que hemos puesto en el ejemplo, 405 euros son para el Estado. Además, el mito de las prestaciones se rompe al conocer que los jubilados autónomos españoles son los más pobres de Europa. El motivo es que en el resto de Estados, al disponer de mayor renta libre de impuestos, se apuesta por los planes de pensiones privados o el ahorro.

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